Preestreno de “Toy Story 5”: cuando la tecnología desafía a los juguetes
“Toy Story 5” plantea en la pantalla grande una tensión que se vive en cada hogar con niños pequeños. El choque entre lo nuevo y lo viejo.
“Lo viejo funciona”, la consigna de la serie de Netflix “El Eternauta”, parece servir de inspiración a “Toy Story 5”, que llegará hoy en preestreno a las salas del país en un preludio de salida familiar para las vacaciones de invierno. La novedad de los estudios Pixar (bajo el paraguas de Walt Disney Pictures) es la esperada y gran película de animación del año, con la expectativa de un éxito de taquilla que haga olvidar la época de vacas flacas.
Si alguna producción puede lograrlo, es precisamente esta quinta entrega de la saga, que llega siete años después de la anterior (se conoció en la prepandemia de 2019, lo cual ya es una marca de época). Escrita y dirigida por Andrew Stanton y McKenna Harris, el doblaje en inglés tiene a Tom Hanks y Tim Allen repitiendo sus respectivos papeles en las voces del Sheriff Woody y de Buzz Lightyear como desde el principio (también intervienen Joan Cusack, Conan O’Brien, Bad Bunny, Greta Lee y Keanu Reeves) aunque las versiones en castellano impedirán escucharlos.
La historia apunta al choque de dos eras distintas, entre los eternos juguetes y el impacto masivo de la tecnología en las infancias. Es que la figura malvada de este filme es una tablet, que desplaza de la atención de la pequeña Bonnie a los muñecos de su cuarto, inanimados ante la presencia de los humanos y muy activos cuando se quedan solos.
Todo comienza después de que Woody dejara a Bonnie Anderson para quedarse con Bo Peep y ayudar a encontrar dueños a los juguetes abandonados. Jessie ha liderado a los demás juguetes en la habitación de Bonnie, con Buzz como su segundo al mando. Sin embargo, la niña de ahora ocho años pasa todo el tiempo con su tablet inteligente con forma de rana, llamada Lilypad. Esto motiva el regreso de Woody para recuperar un lugar que no quiere perder junto con la bella pastora de porcelana, el Señor Potato, el tiranosaurio de plástico Rex y todos los demás.
No lo tendrán fácil, porque Lilypad siente que llegó para desplazar a todo lo anterior y que su reinado acaba de comenzar. El objetivo es potenciar la adicción de los menores a las pantallas a partir de una estrategia de seducción imposible de resistir, para el abandono de toda otra forma de divertirse. La coexistencia es un imposible en su concepción.
Este escenario es fácilmente reconocible por cualquier padre con hijos chicos. Incentivarlos para recrear los juegos de otros años en vez de estar atados a las pantallas es un campo de debate que se potencia cada vez más, agravado por la idea de inmediatez y brevedad que caracteriza a las propuestas virtuales. El fondo apunta a la necesidad de reconstruir los vínculos y el diálogo entre progenitores y niños en un mundo altamente mediatizado.
Para reivindicar el valor de los juguetes materiales, Disney lanzará una campaña abierta de recolección y entrega de aquellos que ya no se usan, con puntos que se habilitarán para su recepción y que se difundirán en el enlace https://www.disneylatino.com/juguetes-que-conectan.