Los Pumas lucharon hasta el final, pero Inglaterra los llevó a su juego
El seleccionado argentino cayó 31-24 en Santiago del Estero y cerró la primera mitad del Nations Championship con una victoria y dos derrotas. Reaccionó en el complemento, pero pagó caro su desorden, la indisciplina y la falta de cohesión.
En el rugby, los equipos que suelen imponerse no siempre lo hacen a partir de un juego brillante o lujoso. También ganan aquellos que ejecutan un plan simple con autoridad, optimizan a su favor cada momento del trámite y obligan al rival a disputar el partido que más les conviene. Inglaterra es uno de esos equipos y Los Pumas lo sufrieron en Santiago del Estero.
El seleccionado argentino cayó 31-24 en el estadio Madre de Ciudades, por la tercera fecha del Nations Championship, y cerró la primera mitad del certamen con una victoria y dos derrotas, tras caer ante Escocia y derrotar a Gales. Peleó hasta la última pelota y quedó a centímetros de un empate agónico, pero durante buena parte de la noche mostró poca cohesión y demasiadas dificultades para escapar del libreto impuesto por el “XV” de “La Rosa”.
El partido comenzó con una imagen cargada de simbolismo. Los Pumas ingresaron al campo con una camiseta inspirada en la que utilizó la selección argentina de fútbol frente a Inglaterra en el Mundial de México 1986. Sin embargo, el homenaje no encontró rápidamente su correlato dentro de la cancha. Inglaterra asumió el control desde el inicio y abrió el marcador a los cuatro minutos con un try de Tommy Freeman.
A partir de allí, el equipo europeo manejó los tiempos con solidez, utilizó el pie con precisión y cerró cada intento ofensivo argentino. Los Pumas respondieron con sacrificio, pero cuando recuperaron la pelota atacaron de manera desordenada. Fue un equipo que improvisó con mayor convicción que claridad, aceleró sin encontrar espacios y, en varios pasajes, pareció sacarse la pelota de encima.
“Nos están llevando donde ellos quieren. No encontramos los espacios para atacar y las posesiones se hacen lentas”, reconoció Juan Martín Fernández Lobbe, asistente técnico del seleccionado argentino, antes de comenzar el segundo tiempo. La frase explicó con precisión lo que sucedía sobre el césped.
Inglaterra no necesitó demasiados movimientos para profundizar su dominio. Ben Earl apoyó dos tries, a los 23 y a los 33 minutos, y confirmó la superioridad inglesa. Argentina, además, volvió a sufrir por la indisciplina: el tucumano Mateo Carreras recibió una tarjeta amarilla por un conracto demasiado arriba. El único aporte ofensivo de Los Pumas antes del descanso fue un penal convertido por Tomás Albornoz, que tiene cien por ciento de efectividad ante los tres palos en este certamen.
El segundo tiempo mostró otra versión del equipo de Felipe Contepomi. Argentina salió con mayor decisión y se metió rápidamente en partido. Lo hizo más por actitud que por funcionamiento, pero encontró el impulso que no había tenido durante los primeros 40 minutos. Mateo Carreras apoyó el primer try argentino a los cuatro minutos y Albornoz convirtió para achicar la diferencia.
Desde entonces, el encuentro entró en una zona caótica. Las infracciones, los errores y las tarjetas amarillas rompieron cualquier intento de continuidad. Inglaterra quedó temporalmente con 13 jugadores por las amonestaciones a Jack Van Poortvliet y Alex Coles. La infracción de este último, cerca del ingoal, derivó en un try penal que acercó aún más a Los Pumas.
Argentina, sin embargo, no supo capitalizar la superioridad numérica. Joaquín Oviedo y Santiago Carreras también fueron amonestados y el equipo quedó expuesto en defensa. Inglaterra aprovechó los espacios y volvió a estirar la ventaja mediante los tries de Marcus Smith e Immanuel Feyi-Waboso, una de las grandes figuras del partido.
Aun así, Los Pumas no se entregaron. El equipo volvió a empujar cuando el partido parecía resuelto y encontró un try de Justo Piccardo a los 39 minutos. La rápida conversión de Albornoz dejó la diferencia en siete puntos y abrió la posibilidad de una última jugada.