Atlético Tucumán volvió a ganar de visitante
El “Decano” no tuvo la contundencia que mostró ante Independiente, pero encontró en el remate de Clever Ferreira la solución para vencer a Estudiantes de Río Cuarto.
Julio César Falcioni se lo había pedido al plantel antes de salir a la cancha: el “Decano” debía ser superior a Estudiantes. Y Atlético salió dispuesto a cumplirlo, parado unos metros más adelante, adelantando la presión y buscando recuperar rápido. Durante los primeros 15 minutos mostró su mejor versión: intenso para defender, agresivo para recuperar y decidido para atacar.
Sin embargo, con el correr de los minutos, el “Decano” dejó de trasladar esas intenciones al juego. La superioridad seguía estando, pero ya no se traducía en contundencia en los últimos metros. Le costaba llegar con claridad al arco rival y el mediocampo y la ofensiva tuvieron una tarde bastante más apagada que la exhibida en la goleada de Rosario.
Los minutos pasaban, el partido se deslucía cada vez más y el empate empezaba a parecer inexorable. Estudiantes mostraba demasiado poco como para amenazar seriamente a la defensa “decana” y Atlético, aunque seguía siendo el que más proponía, no encontraba la inspiración necesaria para quebrarlo.
Y fue justamente ahí, cuando el partido parecía escaparse hacia un empate con gusto a poco, cuando apareció ese derechazo invaluable de Ferreira. Lautaro Godoy lanzó el centro y, a ocho minutos del final, el defensor apareció para darle al “Decano” el premio que había buscado durante toda la tarde.
También dejó una señal alentadora, una de esas que el equipo espera convertir nuevamente en costumbre: la pelota parada puede volver a ser una fuente de soluciones. Cuando no aparecen los espacios para correr, acelerar y explotar las transiciones -una de las principales virtudes de este Atlético-, el equipo necesita caminos alternativos para destrabar partidos cerrados. Esta vez los encontró por arriba: mérito de “Laucha” por poner el centro justo y de Ferreira por volver a demostrar que, además de sostener al equipo en su propia área, también puede marcar diferencias en la rival.
Después hubo que resistir. Atlético perdió algo de orden en un cierre accidentado, quedó con Gabriel Compagnucci como lateral izquierdo tras la expulsión de Ignacio Galván y terminó reacomodándose como pudo para proteger una ventaja que había costado demasiado conseguir. Ya no importaba jugar bonito ni parecerse al equipo de Rosario: había que sostener el resultado. Y lo hizo.
Porque ese remate de Ferreira vale muchísimo. Vale la quinta victoria en los últimos seis partidos como visitante. Vale meterse entre los ocho mejores de su zona y en puestos de playoffs. Vale volver a sumar fuerte ante un rival directo. Vale confirmar que este Atlético también puede ganar cuando no encuentra su mejor fútbol.
Y, sobre todo, vale lo suficiente para tumbar al “León del Imperio”, conquistar Río Cuarto y permitir que el “Decano” siga soñando. Porque Atlético volvió a demostrar que ya no necesita que todo le salga perfecto para ganar: cuando el fútbol no alcanza, aparecen otras respuestas. Esta vez fue la derecha de Ferreira la que encontró el camino para que el crecimiento también siga reflejándose en los resultados.