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Entre el fuego, las coplas y las ofrendas, así se honró a la Pachamama en los cerros tucumanos

Por NT Noticias 02 de agosto de 2026 19:36 hs

Desde antes del amanecer, la comunidad Diaguita Calchaquí se reunió para agradecer a la Madre Tierra y pedir prosperidad.

El cielo estaba cubierto de estrellas y la luz de la luna apenas alcanzaba para iluminar los caminos improvisados del cerro tafinisto Ampuqcatao, conocido también como “El Pelao”. En medio de la oscuridad, cinco personas le hacían frente al frío de la noche alrededor de una fogata. El fuego era el único refugio contra las bajas temperaturas y también una señal para quienes todavía estaban en camino. En lo alto del valle, se preparaban para recibir a quienes llegarían para honrar a la Pachamama un año más.

De a poco, el punto de encuentro comenzó a llenarse de susurros, ponchos, bufandas y camperones. Algunos se reconocían entre las sombras y se saludaban con afecto. Otros se acercaban tímidamente y contaban que era la primera vez que participarían de la celebración. La noche comenzaba a apagarse y, mientras el cielo se aclaraba lentamente detrás de las montañas, llegó el momento de preparar el té de ruda, la tradicional infusión que se bebe en ayunas el 1 de agosto para proteger la salud, alejar los malos espíritus y tener presente a la Madre Tierra. Cuando estuvo listo, comenzaron a repartirse los jarros y las tazas cargados con la bebida caliente y se compartió entre los presentes.

Después llegó el momento de preparar las ofrendas. Sobre el lugar elegido comenzaron a aparecer la yerba, el maíz, el arroz, las frutas, los cigarrillos, los vinos, las cervezas, la sal, el azúcar, los fideos, el romero, la lavanda y otros elementos que los participantes habían llevado para entregarle a la Madre Tierra. Los ceremonistas Bartolina CasimiroMercedes FernándezYudith Zurita y Alejandro Álvarez, junto con el chamán Roberto Reyes, ordenaron los elementos que formarían parte de la ceremonia.OFRENDA. El altar se llenó de yerba, legumbres, vino, frutas y especias.

OFRENDA. El altar se llenó de yerba, legumbres, vino, frutas y especias.

Limpieza y purificación

Antes de que empezara formalmente la celebración, se encargaron de preparar también a quienes habían llegado hasta allí. Los presentes se organizaron en cuatro filas. Frente a ellos, los guardianes del saber ancestral encendieron los elementos con los que realizarían el primer sahumo. “Abramos la mente para que con el salmo que van a hacer nuestros ceremonistas, arranquemos con los primeros rayos de sol limpios. Vamos a pensar un ratito en todos los problemas que tengamos, de salud, espiritual, mental, para que este salmo los limpie”, recomendó el cacique de la Comunidad Diaguita Calchaquí, Alejo Azar.